NOTAS DEL FRENTE ESPAÑOL – NECULAl TOTU

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La lucha de los voluntarios rumanos en la guerra de Liberación española

PRÓLOGO
He tenido el honor, el orgullo y la satisfacción como español, militar y cristiano de conocer a Ion Mota y Vasile Marín, así como a los otros cinco camaradas suyos, venidos del lejano país hermano, desde Rumania, para luchar como voluntarios en las filas de nuestro Tercio por la defensa de Dios, España y Rumania.

Llegaban a España en un momento crucial para la supervivencia nuestra como pueblo libre y cristiano, en aquel lejano y, no obstante, siempre presente, año 1936.
Fui desginado a acompañar al grupo de los rumanos formado por Ion Mota, Vasile Marín, R. P. Dumitrescu, Neculai Totu —el autor de este libro—, Banica Dobre, ingeniero Clime, el príncipe Alecu Cantacuzino, para que, al frente con el general Cantacuzino, entregara, en signo de gran admiración por su gesta de el Alcázar, al general Moscardó, en su cuartel general de Soria, una espada de parte del fundador del Movimiento Legionario Rumano, Corneliu Zelea Codreanu.
Antes de alistarse en el Tercio, cumplimentaron al Generalísimo Franco en Salamanca.
Este grupo de voluntarios rumanos, oficiales de reserva en el Ejército de su país, representaba la élite del Movimiento Legionario Rumano: Ion Mota, era la segunda personalidad después de Corneliu Zelea Codreanu; Vasile Marín, un brillante intelectual, una inteligencia privilegiada; ingeniero Clime, otra gran personalidad, jefe del partido «Todo por la Patria»; el reverendo padre Dumitrescu, un ardiente defensor de la Iglesia, en su país y fuera de él; Banica Dobre, el gigante Banica; Neculai Totu y el príncipe Cantacuzino, los tres, valientes e incansables luchadores de la Guardia de Hierro.
He conocido mejor a Mota y a Marín. Mota, con quien he estado más a menudo en contacto, me ha producido una impresión imborrable. Su persona, su carácter y su mirada, que reflejaba una decisión invencible, imponía tan poderosamente, de manera tan avasalladora a los de su alrededor, que era capaz, en virtud de una fuerza espiritual irresistible de llevar tras de sí columnas enteras de gente al ataque, en un huracanado ímpetu, por encima de las balas, por encima de la muerte. No he conocido en mi vida una voluntad tan dispuesta a vencer hasta lo imposible incluso hasta los más extremos límites de la temeridad, en pro de la idea cristiana y nacional, voluntad que transfiguraba en permanencia el rostro de Ion Mota.
Los años transcurridos desde el 13 de enero de 1937, fecha de la gloriosa caída de los dos héroes rumanos, Ion Mota y Vasile Marín, en el pueblo de Majadahonda, fortalecen en mí cada vez más, la convicción de que el único camino, la única solución viable para la sobrevivencia de la civilización cristiana en todo el mundo, es el espíritu de cruzada y de sacrificio, que les animó y transfiguró a ellos, ante la avalancha del Anticristo, ante la capitulación anticipada, sin lucha, de ciertos sectores.
Actualmente, el país hermano, latino, Rumania —con el que nos unen lazos imperecederos, que nos vinculan desde el hispánico emperador Marco Ulpio Trajano al sacrificio de los dos legendarios héroes rumanos, Ion Mota y Vasile Marín—, ha caído en las garras de los sin Dios y sin Patria, que intentaron hacer lo mismo en España durante los años 1936-1939.
Para la generación joven de ahora y para las venideras, de España y del mundo entero, la gesta de Ion Mota y Vasile Marín, es en realidad una «lección indeleble», de lo que se hizo para evitar en España en aquellos años y lo que no se pudo evitar en Rumania, crucificada desde más de un cuarto de siglo por la barbarie comunista.
El estilo del autor —íntimo amigo y camarada de Ion Mota y Vasile Marín— aporta una nota altamente conmovedora, de gran sensibilidad humana, de una permanente confesión de fe en Dios, en el deber de luchar por la defensa de la Cristiandad, con espíritu de cruzada y una estremecedora ofrenda de cálido amor e infinita admiración hacia Ion Mota y Vasile Marín.
Resaltan asimismo sus impresionantes análisis de las distintas reacciones del alma del combatiente sometida a infinidad de situaciones y presiones, desconocidas en la vida normal.
He aquí, glosada en síntesis, la personalidad, el espíritu de cruzada y la decisión de sacrificio de los dos héroes rumanos, antes de su muerte:
«¡Se ametrallaba la faz de Cristo! Se bamboleaba el fundamento cristiano del mundo. ¿Podíamos nosotros permanecer impasibles? ¿No es un gran triunfo espiritual, para la vida futura, haber caído en defensa de Cristo? Así he comprendido el deber de mi vida. ¡He amado a Cristo y he marchado feliz a la muerte por El!» (Ion Mota).
«¡No he tomado esta decisión por desesperación, sino con toda lucidez! Era un deber de honor que pesaba sobre los hombros de nuestra generación. Lo he hecho con el mismo amor con el que lo hubiera hecho por mi Patria.» (Vasile Marín).
La publicación de este libro en traducción española por parte de los amigos y camaradas del grupo de los voluntarios rumanos venidos a luchar en España, es en realidad un vibrante homenaje al pueblo español, a la Iglesia, al Ejército y al Movimiento Nacional. Me siento honrado, emocionado, a la vez, al escribir este prólogo de unos episodios que han constituido y siguen constituyendo uno de los más grandes momentos de mi vida de militar.
De los cinco supervivientes que regresaron a Rumania del grupo de Ion Mota y Vasile Marín, con la excepción del R. P. Dumitrescu, todos los demás, incluido el autor de este libro, el abogado Neculai Totu, el ingeniero Clime, el príncipe Alecu Cantacuzino y Banica Dobre, han sido fusilados en los campos de concentración de Rumania, en la sangrienta noche del «Nuevo San Bartolomé», del 21-22 de septiembre de 1939, ¡ya que así decidieron los gobernantes de aquel entonces recompensar la histórica gesta y el sacrificio de aquéllos y de Mota y Marín!
No puedo terminar, sin citar uno de los últimos párrafos de «Notas del frente español», de Neculai Totu:
«Pasamos con gran emoción la frontera. Nos dirigimos hacia otros horizontes, hacia nuestro país. Sentimos cómo despierta en el alma la nostalgia de nuestra Patria. Hemos venido siete y regresamos cinco. Ionel Mota y Vasile Marín han caído en tierra española, por la Cruz y por la Patria.
»Lo que ha tenido en más amor la juventud rumana se ha quedado allí en España, para contar a las generaciones venideras el más bello y hermoso romance de sacrificio sobre el altar de Dios.
»España se queda atrás… Y, a la vez con ella, la tormenta de las trincheras y el silbido de las balas. Y, no sé por qué, en aquel silencio de piedra en que nos ha tenido la caída de nuestros camaradas, me parecía cómo penetraba en mi alma un gran pesar ahora a la salida.
»Hemos pasado la frontera. ¡ADIOS, ESPAÑA!
»¡Te hemos dejado —por la Cruz y por la estirpe— todo lo que ha tenido de mas noble nuestra generación! ¡Sobre tu tierra queda un testimonio rumano ane la Historia, el recuerdo de Mota y de Vasile Marín!
»¡ADIOS, ESPAÑA!»
Con el homenaje de mis sentimientos, de mis recuerdos y, sobre todo, con la admiración por la gesta de los héroes Mota y Marín, lazo indestructible entre nuestros dos pueblos, español y rumano, dirijo de todo corazón, un fervoroso y para siempre voto:
¡VIVA RUMANIA! ¡VIVA ESPAÑA!
RICARDO VILLALBA RUBIO

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